LA PESTE DEL INSOMNIO

La peste del insomnio y el olvido

Por Julio Vicente Pérez Infante, Ph.D.*

El premio nobel de literatura, Gabriel García Márquez, en la más emblemática novela de realismo mágico, “Cien años de Soledad”, describe una peste que azotó al pueblo de Macondo. Fue una cruel enfermedad que se contagió virulentamente  a partir de uno de sus personajes, Rebeca,  la hija adoptiva de la familia Buendía.  Al cabo de un tiempo, todos los habitantes del pueblo empezaron a sufrir de un terrible insomnio y  según las palabras del novelista, “lo más temible de la enfermedad del insomnio no era la imposibilidad de dormir, […]  sino su inexorable evolución hacia una manifestación más crítica: el olvido […] empezaban a borrarse de su memoria los recuerdos de la infancia, luego el nombre y la noción de las cosas, y por último la identidad de las personas y aun la conciencia del propio ser, hasta hundirse en una especie de idiotez sin pasado.”

Científicamente sabemos que si bien el insomnio no es un trastorno que se extienda normalmente por contagio como una gripe,  es una condición de salud que se ha incrementado exponencialmente en la sociedad contemporánea, llegándose a etiquetar  por la Asociación Mundial de Medicina del Sueño (http://www.wasmonline.org) como una “epidemia” del siglo XXI.

Muchas personas están sufriendo de trastornos en la duración y de la calidad del sueño  lo que produce graves y a veces irreparables daños de las funciones mentales y físicas. Por ejemplo, una reducción del sueño de cinco horas o menos duplica el peligro de padecer una muerte de origen cardiovascular  y, en  personas mayores, puede contribuir a la depresión y al deterioro cognitivo, aumentando el riesgo de desarrollar enfermedades como el Alzhéimer.

Un tercio de la población mundial, más de dos mil millones de personas, tiene dificultades para conciliar el sueño. De estos casos, más del 50% se vuelve crónico. En ciudades muy grandes como Santiago de Chile la cifra de insomnes puede llegar hasta un 30% de los habitantes. Es decir,  está creándose un verdadero problema de salud pública que afecta incluso la economía de los países. La Fundación Americana del Sueño estima que los trastornos del dormir cuestan a Estados Unidos más de  100 billones de dólares al año,  debido a  la pérdida de productividad, gastos médicos y el ausentismo laboral.

A esto podía agregarse algo menos medible cuantitativamente pero igualmente importante: la disminución en la creatividad y capacidad de resolver problemas en muchas personas debido al cansancio crónico y los efectos que produce por la baja calidad de sueño. Como señala, entre muchos otros investigadores, la Dra. Rubin Naiman (profesor clínico asistente de medicina de la Universidad de Arizona), se ha descubierto que la fase del dormir cuando se producen la mayor parte de nuestra actividad onírica (sueño REM por sus cifras en inglés Rapid Eye Movement) está directamente relacionada con nuestra capacidad de resolver problemas durante la vigilia. Por ello, privarnos de un descanso adecuado y  concomitantemente disminuir nuestra capacidad de soñar, se vincula a una menor capacidad para tomar decisiones en nuestra vida y peor manejo de los cambios y de los factores de estrés.

¿Qué podemos hacer frente a esta grave situación?

Muchas cosas. Primariamente es importante  crear consciencia individual y colectiva de hasta dónde nos está afectando los trastornos del dormir y fomentar la creación de organismos, en todos los países,  para la investigación de las causas, diagnóstico, evaluación y tratamiento del insomnio crónico.

Actualmente sabemos que desde una perspectiva  integral cuerpo y mente una de las causas más importantes del insomnio,  entre otras muchas otras condiciones de salud,  es el manejo inadecuado del estrés crónico. Para ello, la asesoría adecuada de profesionales de la salud como médicos especializados en sueño y estrés, psicólogos y psicoterapeutas  que ayudan  a manejar preocupaciones emocionales y de relación, así como profesionales que apalancan la relajación, la buena alimentación, el bienestar y, en general el buen balance de vida,  es imprescindible.

Si usted piensa que puede estar sufriendo de algún trastorno del dormir  no dude en consultar con su médico y buscar el apoyo de profesionales que le ayuden a restablecer su calidad de sueño.

Esto, definitivamente, le agregará más años de vida y mejor vida a sus años.


*El Dr. Julio Vicente Pérez Infante es un investigador en ciencias,  psicoterapeuta corporal y coach ontológico con experiencia en manejo de cambios de vida, duelo, cuidados paliativos y trabajo con los sueños.